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domingo, 26 de julio de 2009

Cambio Climático


En la historia de la Tierra, y que sepamos hasta la fecha, han tenido lugar un montón de cambios climáticos, algunos a mucho más calor y otros a mucho más frío (lo que llamamos glaciaciones). El estudio de los cambios climáticos que ha sufrido el planeta es un tema apasionante que estudia una ciencia llamada Paleoclimatología, y que era una de mis asignaturas favoritas del Doctorado.

Un cambio climático es un cambio relativamente marcado en el tiempo, por el que las condiciones climáticas globales del planeta cambian respecto a las existentes en un momento dado, y se mantienen a los largo de muchos años (al menos varios miles de ellos). Los cambios en el planeta no se producen de hoy para mañana. Hay muchos fenómenos implicados que actúan de forma coordinada, y la alteración de uno de ellos lleva a que los demás tengan que reajustarse.

La último cambio climático fue una glaciación, se produjo ya en la era cuaternaria, y duró desde los 80.000 hasta los 10.000 años BP. O sea, considerando la historia global de la Tierra, antesdeayer... Se la conoce con el nombre de Würm. Ya había hombres sobre la Tierra, aunque es de suponer que la población disminuyó considerablemente en esas fechas. Justo cuando acaba la glaciación, es cuando se encuentran los primeros vertigios de la sedentarización del hombre y del comienzo de la agricultura y la ganadería, es decir, del neolítico.

El clima global se rige por factores diversos que actúan de forma coordinada o al menos relacionada (quiero decir que la modificación de uno o más factores implica la modificación de los demás): las grandes células de presión, en parte determinadas por la distribución de las masas de tierra en los océanos, las corrientes marinas, los vientos, las precipitaciones, las temperaturas del aire y del agua, la presencia o ausencia de cubierta vegetal... Todos estos y otros muchos factores están en equilibrio, hasta que uno de ellos se ve alterado de forma importante, y los demás necesitan a su vez ser modificados hasta alcanzar un nuevo equilibrio. Por encima de todos ellos está la actividad solar...

Esto ha venido siendo así siempre, desde que el mundo es mundo, y no ha pasado nada. Pero ahora es un drama porque nos afecta a nosotros... Pues bueno...

Me asombra la soberbia del ser humano, que piensa que su estúpida emisión de gases de efecto invernadero puede alterar todo un sistema que llevaba miles de millones de años funcionando antes de que el hombre existiese. Sí, ya sé que esto choca de frente con lo que opinan muchos sesudos climatólogos, pero me da igual, yo también soy climatóloga y opino lo que quiero (y además me consta que hay muchos climatólogos igualmente sesudos que opinan como yo pero son acallados porque "no interesa" lo que dicen...).

Una de las cosas que opino es que hay mucho climatólogo, biólogo, ecologista, y profesional de las ONGs en general (por no mentar a los políticos...), viviendo a costa del puñetero cambio climático. Cómo lo hacen?: metiéndonos el miedo en el cuerpo. Ese miedo justifica el chorro de dinero en programas de divulgación, paneles, conferencias, investigación, etc, etc. No diré que no hace falta investigación ni educación ambiental, al contrario, pero no es honesto engañar a la gente. Cierto que la emisión masiva a la atmósfera de gases de efecto invernadero contribuye al calentamiento global, pero no hay datos para saber si es esa emisión el único origen del calentamiento del planeta, porque nunca antes hubo esas emisiones y los cambios climáticos se dieron igual. Es más que probable que estamos contribuyendo a agilizar los procesos de la naturaleza, pero esos procesos se darán igual, si no ahora dentro de 1000 años, y el ser humano no puede controlarlos!!. O es que estamos pensando que dentro de 1000 años la especie humana se habrá autodestruido con una catástrofe nuclear (que también es posible...) y le darán igual los cambios climáticos que se produzcan de forma natural, nos importa solo este...

Tenemos que cuidar el planeta, tenemos que saber cómo hacerlo, ...pero siendo conscientes de que el planeta tiene vida propia, y nosotros no podemos cambiarla. Nosotros, como las demás especies, tenemos que adaptarnos si queremos sobrevivir, y en nuestro caso es mucho más fácil que en el de las hormigas, por ejemplo, por razones obvias... pero ya está... Dice la Biblia que el pecado de Adán y Eva fue la soberbia y por ella perdieron el paraíso, y yo a veces veo la forma en que se comporta el Hombre respecto al planeta y siento que es profundamente cierto...

Ahora, el miedo genera necesidad de amparo, y esa necesidad de amparo le otorga infinito poder sobre los atemorizados a los que dicen poder darla...


PD: en la foto un huracán visto desde la atmósfera.

sábado, 25 de julio de 2009

Capitalismo y Medio Ambiente


Después de leer el texto del post anterior me quedé pensando en lo que dice el Jefe Indio Seattle: es "el hombre blanco" el que no entiende que es parte de la Naturaleza, que la Naturaleza no es su jardín particular que se puede permitir dejar perder si quiere. Que esquilma los recursos naturales en su afan por tener más y más y más... El que piensa solo en su riqueza y no en la de sus descendientes. De hecho hay muchos otros grupos humanos en este planeta que tienen un concepto diferente de lo que es la Naturaleza y por lo tanto se relacionan con ella de otra manera (...más respetuosa). Los indios americanos de forma muy especial, pero también otros pueblos.

No creo en cualquier caso que sea una cuestión racial, pero sí una mentalidad unida a un sistema socio-económico, el capitalismo, que efectivamente fue inventado por el hombre blanco, y que alcanza en los países occidentales su máximo exponente. El beneficio como único objetivo, y la acumulación de riquezas para consumir de forma compulsiva... lo que sea. Genera una espiral de producción, consumo, y generación de residuos que me da la sensación de que está fuera de todo control. Es el "todo vale": producir barato a costa de pagar sueldos miserables a seres humanos que trabajan como esclavos en condiciones miserables especialmente en Asia; o ahorrarnos unos miles de euros no depurando nuestras aguas residuales antes de verterlas al río, porque así producimos 2 céntimos más barato que la competencia. Todo vale, no importan los daños c
olaterales, menos todavía si afectan a sujetos que no tienen voz ni voto, como la Naturaleza o el Medio Ambiente.

Durante décadas, el hombre blanco (y por contagio el hombre de otros muchos colores) ha olvidado (suponiendo que algún día lo supo) que vive en delicado equilibrio con la Naturaleza. Especialmente delicado por su gran capacidad de reproducción y supervivencia, y por las necesidades energéticas cada vez mayores de una parte de la población (de la parte que lidera el sistema). Se ha perdido esa sensibilidad que tenían las generaciones anteriores para respetar a la Naturaleza, aunque solo sea porque es la mano que te da de comer. Nos hemos creido que somos infalibles, con nuestra tecnología y nuestra sapiencia casi infinita. Que somos capaces de solucionarlo todo, de preverlo todo, de encontrar sustitutos para todo. Pobres idiotas...!.

La Naturaleza es algo muy grande, me atrevería a decir que inc
onmensurable. Muy sabia además: guarda los secretos de la vida desde hace miles de millones de años. Y nosotros, pobres engreidos, no tenemos como especie más que unos cientos de miles de años (sin mencionar que la tecnología que nos hace creer que somos tan infalibles, tiene como quien dice dos días...). Nos creemos tan grandes con nuestros sensores de previsión de terremotos, y cuando la Tierra estornuda genera de un manotazo 70.000 muertos (espérate como un día se enfade de verdad...). Nos pavoneamos del sistema mundial de detección de tsunamis, ...y se nos olvida que el día que se repita la ola de más de 150 m de altura que arrasó una isla de Hawai hace un par de siglos, la Naturaleza se reirá a carcajadas de nuestro sistema de detección. Y eso por no mencionar lo que puede pasar el día que la Tierra decida empezar con una nueva orogenia y las placas tectónicas empiecen a bailar el mambo unas con otras, o cuando se inicie el siguiente periodo glaciar (que puede que ya esté empezando...). Realmente patética la soberbia humana...

Pero la Naturaleza es muy sabia y no pierde el tiempo con razonamientos: hace en cada momento lo que tiene que hacer, sin prestar demasiada atención a esa especie que ha mutado en parásita y que se le ha sentado en la espalda (nosotros). Qué más da que la especie humana crea que es la causante del cambio climático actual y que por lo tanto está en sus manos el acelerarlo o mitigarlo?. Que crean lo que quieran... Ella a la suya: toca
cambio climático, pues cambio climático... (a pesar de la reducción de emisiones a la atmósfera, a pesar de lo que queramos...: no conseguiremos cambiar el curso de los procesos naturales globales nunca, porque somos como un mosquito picando a un elefante).

Cuánto mejor nos iría si escuchásemos más a la sabiduría de la Naturaleza en lugar de matar a la Naturaleza para escucharnos mejor a nosotros mismos...


PD: en la foto la falla de San Andrés en California, a espaldas de la ciudad de Los Angeles. El día que se reactive, la llevamos clara...

La Madre Naturaleza


Ayer leí en el Facebook un link que puso mi amigo Marcos. Es la carta que un Jefe Indio escribió al Presidente de EEUU cuando éste le dijo que quería comprarle las tierras en las que él y su tribu vivían desde hacía generaciones. Es muy bonita, y además es tan sencilla en su exposición y tan "de sentido común", que no me resisto a copiarla entera porque merece la pena ser leída. Es esta:


Carta de Seattle, jefe de la tribu Suwamish al presidente de los Estados Unidos, Mr. Franklin Pierce, el año 1855, como respuesta a su oferta de compra de las tierras Suwamish.


"El gran caudillo de Washington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El gran caudillo nos ha mandado también palabras de amistad y de buena voluntad. Apreciamos mucho esta delicadeza porque conocemos la poca falta que le hace nuestra amistad. Queremos considerar su ofrecimiento, pues sabemos que si no lo hiciéramos, pueden venir los hombres de piel blanca a tomarnos las tierras con sus armas de fuego. Que el gran caudillo de Washington confíe en la palabra del líder Seattle con la misma certidumbre que espera la vuelta de las estaciones. Mis palabras son inmutables como estrellas.


¿Como podéis comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Se nos hace extraña esta idea. No son nuestros el frescor del aire ni los reflejos del agua. ¿Cómo podrían ser comprados? Lo decidiremos más adelante. Tendríais que saber que mi pueblo tiene por sagrado cada rincón de esta tierra. La hoja resplandeciente; la arenosa playa; la niebla dentro del bosque; el claro en la arboleda y el zumbido del insecto son experiencias sagradas y memorias de mi pueblo. La sabia que sube por los árboles lleva recuerdos del hombre de piel roja.


Los muertos del hombre de piel blanca olvidan su tierra cuando empiezan el viaje en medio de las estrellas. Los nuestros nunca se alejan de la tierra, que es la madre. Somos un pedazo de esta tierra; estamos hechos de una parte de ella. La flor perfumada, el ciervo, el caballo, el águila majestuosa: todos son nuestros hermanos. Las rocas de las cumbres, el jugo de la hierba fresca, la calor de la piel del potro: todo pertenece a nuestra familia.


Por esto, cuando el gran caudillo de Washington manda decirnos que nos quiere comprar las tierras es demasiado lo que nos pide. El gran caudillo quiere darnos un lugar para que vivamos todos juntos. El nos hará de padre y nosotros seremos sus hijos. Hemos de meditar su ofrecimiento. No se nos presenta nada fácil ya que las tierras son sagradas. El agua de nuestros ríos y pantanos no es sólo agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si os vendiésemos las tierras, haría falta que recordaseis que son sagradas y lo tendríais que enseñar a vuestros hijos y que los reflejos misteriosos de las aguas claras de los lagos narran hechos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.


Los ríos son hermanos nuestros, porque nos libran de la sed. Los ríos arrastran nuestras canoas y nos dan sus peces. Si os vendiésemos las tierras, tendríais que recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son hermanos nuestros y también vuestros. Tendríais que tratar a los ríos con el corazón.


Sabemos bien que el hombre de piel blanca no puede entender nuestra manera de ser. Tanto le importa un trozo de tierra que otro, porque es como un extraño que llega de noche a arrancar de la tierra todo lo que necesita. No ve la tierra con una hermana, sino más bien como una enemiga. Cuando la ha hecho suya, la menosprecia y sigue andando. Deja atrás las sepulturas de sus padres y no parece que eso le duela. No le duele desposeer la tierra de sus hijos. Olvida la tumba de su padre y los derechos de sus hijos. Trata a la madre tierra y al hermano cielo como si fueran cosas que se compran y se venden; como si fuesen animales o collares. Su hambre insaciable devorará la tierra y detrás suyo dejará tan sólo un desierto.


No lo puedo comprender. Nosotros somos de una manera de ser muy diferente. Vuestras ciudades hacen daño a los ojos del hombre de piel roja. Tal vez sea porque el hombre de piel roja es salvaje y no puede entender las cosas. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades del hombre de piel blanca; ningún lugar donde se pueda escuchar en la primavera el despliegue de las hojas, o movimiento de las alas de un insecto. Tal vez me lo parece a mi porque soy un salvaje y no comprendo bien las cosas. El ruido de la ciudad es un insulto para el oído. Y yo me pregunto: ¿qué tipo de vida tiene el hombre cuando no es capaz de escuchar el grito solitario de una garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor del charco? Soy un hombre de piel roja y no puedo entender. A los indios nos deleita el ligero murmullo del viento fregando la cara del lago y su olor después de la lluvia del mediodía, con su peculiar fragancia.


El hombre de piel roja es conocedor del valor inapreciable del aire ya que todas las cosas respiran su aliento: el animal, el árbol, el hombre. Pero parece que el hombre de piel blanca no sienta el aire que respira. Como un hombre que hace días que agoniza, no es capaz de sentir la peste. Si os vendiésemos las tierras, tendríais que dejarlas en paz y que continuasen sagradas para que fuesen un lugar en el que hasta el hombre de piel blanca pudiese saborear el viento endulzado por las flores de la pradera.


Queremos considerar vuestra oferta de comprarnos las tierras. Si decidiéramos aceptarlo tendré que poneros una condición: que el hombre de piel blanca mire a los animales de esta tierra como hermanos.


Soy salvaje, pero me parece que tiene que ser así. He visto búfalos a miles pudriéndose abandonados en las praderas; el hombre de piel blanca les disparaba desde el caballo de fuego sin ni tan sólo pararlo. Yo soy salvaje y no entiendo porqué el caballo de fuego vale más que el búfalo, ya que nosotros lo matamos sólo a cambio de nuestra propia vida. ¿Qué puede ser del hombre sin animales? Si todos los animales desapareciesen , el hombre tendría que morir con gran soledad de espíritu. Porque todo lo que les pasa a los animales, bien pronto le pasa también al hombre. Todas las cosas están ligadas entre sí.
Haría falta que enseñaseis a vuestros hijos que el suelo que pisan son las cenizas de los abuelos. Respetarán la tierra si les deciís que está llena de vida de los antepasados. Hace falta que vuestros hijos lo sepan, igual que los nuestros, que la tierra es la madre de todos nosotros. Que cualquier estrago causado a la tierra lo sufren sus hijos. El hombre que escupe a tierra, a sí mismo se está escupiendo.


De una cosa estamos seguros: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red que es la vida, sólo es un hijo. El sufrimiento de la tierra se convierte a la fuerza en sufrimiento para sus hijos. Estamos seguros de esto. Todas las cosas están ligadas como la sangre de una misma familia.


Hasta el hombre de piel blanca, que tiene amistad con Dios y se pasea y le habla, no puede evitar este destino nuestro común. Tal vez sea cierto que somos hermanos. Ya lo veremos. Sabemos una cosa que tal vez descubriréis vosotros más adelante: que nuestro Dios es el mismo que el vuestro. Os pensáis que tal vez tenéis poder por encima de Él y al mismo tiempo lo queréis tener sobre todas las tierras, pero no lo podéis tener. El Dios de todos los hombres se compadece igual de los de piel blanca que de los de piel roja. Esta tierra es apreciada por su creador y estropearla sería una grave afrenta. Los hombres de piel blanca también sucumbirán y tal vez antes que el resto de tribus. Si ensuciáis vuestra cama, cualquier noche moriréis sofocados por vuestros propios delitos. Pero veréis la luz cuando llegue la hora final y comprenderéis que Dios os condujo a estas tierras y os permitió su dominio y la dominación del hombre de piel roja con algún propósito especial. Este destino es en verdad un misterio, porque no podemos comprender que pasará cuando los búfalos se hayan extinguido; cuando los caballos hayan perdido su libertad; cuando no quede ningún rincón del bosque sin el olor del hombre y cuando por encima de las verdes colinas nuestra mirada encuentre por todas partes las telarañas de hilos de hierro que llevan vuestra voz.


¿ Dónde está el bosque espeso? Desapareció. ¿Dónde está el águila? Desapareció. ¡Así se acaba la vida y empezamos a sobrevivir!"


PD: la foto es del Mount Rainier National Park, cerca de la ciudad de Seattle, Washington, que recibe su nombre de este Jefe Indio puesto que su tribu habitaba esas tierras (...que ya se ve que acabaron siendo del hombre blanco...).

domingo, 12 de julio de 2009

Adivinanza

A ver si alguien sabe lo que es esto......
Pista: está en América del Sur



¿A que es bonito...?.


PD: Ya hay un listo que ha adivinado que es el delta del río Paraná, cuando se une con los ríos Uruguay y De La Plata.... Precioso, eh?.