martes, 28 de julio de 2009

Paciencia y Cariño


Estaba pensando en lo difícil que es abrir de nuevo el corazón después de una experiencia dolorosa en la que hemos sufrido mucho. Pasa el tiempo, uno entiende, elabora, perdona, asimila, aprende, supera... Pasa el tiempo y uno tiene la sensación de que todo eso quedó en el pasado y su vida es de nuevo suave. Pasa el tiempo y uno empieza otra relación, ...y de repente... ZAS!: el pasado salta al primer plano de nuevo. No salta igual que fue, pero salta y te condiciona. Y cuando lo hace es difícil darse cuenta de que cada relación es diferente, y que lo que ocurrió en el pasado no tiene porqué repetirse en el presente. Sobre todo es muy difícil no protegerse... (protegerse del otro...). Y hace falta mucha paciencia por parte del otro, para esperar a que nos demos cuenta de que una vida vivida con miedo, es una vida vivida a medias...

Me parece que el instinto de protegerse es muy natural (lo contrario sería preocupante y masoquista...). Pero la protección puede caer con facilidad en el cálculo, y eso no es bueno: quita naturalidad a las relaciones y das una imagen de ti que no es la real (quizás se acerca mucho, pero no es la real). Y yo no sé mantener relaciones que no sean 100% honestas...

Volver a abrir el corazón de forma total y confiada no es fácil, y cuando te toca al lado una persona que te quiere lo suficiente para esperarte con paciencia, ...es genial!. Porque eso es exactamente lo que necesitas: cariño y paciencia.

domingo, 26 de julio de 2009

Cambio Climático


En la historia de la Tierra, y que sepamos hasta la fecha, han tenido lugar un montón de cambios climáticos, algunos a mucho más calor y otros a mucho más frío (lo que llamamos glaciaciones). El estudio de los cambios climáticos que ha sufrido el planeta es un tema apasionante que estudia una ciencia llamada Paleoclimatología, y que era una de mis asignaturas favoritas del Doctorado.

Un cambio climático es un cambio relativamente marcado en el tiempo, por el que las condiciones climáticas globales del planeta cambian respecto a las existentes en un momento dado, y se mantienen a los largo de muchos años (al menos varios miles de ellos). Los cambios en el planeta no se producen de hoy para mañana. Hay muchos fenómenos implicados que actúan de forma coordinada, y la alteración de uno de ellos lleva a que los demás tengan que reajustarse.

La último cambio climático fue una glaciación, se produjo ya en la era cuaternaria, y duró desde los 80.000 hasta los 10.000 años BP. O sea, considerando la historia global de la Tierra, antesdeayer... Se la conoce con el nombre de Würm. Ya había hombres sobre la Tierra, aunque es de suponer que la población disminuyó considerablemente en esas fechas. Justo cuando acaba la glaciación, es cuando se encuentran los primeros vertigios de la sedentarización del hombre y del comienzo de la agricultura y la ganadería, es decir, del neolítico.

El clima global se rige por factores diversos que actúan de forma coordinada o al menos relacionada (quiero decir que la modificación de uno o más factores implica la modificación de los demás): las grandes células de presión, en parte determinadas por la distribución de las masas de tierra en los océanos, las corrientes marinas, los vientos, las precipitaciones, las temperaturas del aire y del agua, la presencia o ausencia de cubierta vegetal... Todos estos y otros muchos factores están en equilibrio, hasta que uno de ellos se ve alterado de forma importante, y los demás necesitan a su vez ser modificados hasta alcanzar un nuevo equilibrio. Por encima de todos ellos está la actividad solar...

Esto ha venido siendo así siempre, desde que el mundo es mundo, y no ha pasado nada. Pero ahora es un drama porque nos afecta a nosotros... Pues bueno...

Me asombra la soberbia del ser humano, que piensa que su estúpida emisión de gases de efecto invernadero puede alterar todo un sistema que llevaba miles de millones de años funcionando antes de que el hombre existiese. Sí, ya sé que esto choca de frente con lo que opinan muchos sesudos climatólogos, pero me da igual, yo también soy climatóloga y opino lo que quiero (y además me consta que hay muchos climatólogos igualmente sesudos que opinan como yo pero son acallados porque "no interesa" lo que dicen...).

Una de las cosas que opino es que hay mucho climatólogo, biólogo, ecologista, y profesional de las ONGs en general (por no mentar a los políticos...), viviendo a costa del puñetero cambio climático. Cómo lo hacen?: metiéndonos el miedo en el cuerpo. Ese miedo justifica el chorro de dinero en programas de divulgación, paneles, conferencias, investigación, etc, etc. No diré que no hace falta investigación ni educación ambiental, al contrario, pero no es honesto engañar a la gente. Cierto que la emisión masiva a la atmósfera de gases de efecto invernadero contribuye al calentamiento global, pero no hay datos para saber si es esa emisión el único origen del calentamiento del planeta, porque nunca antes hubo esas emisiones y los cambios climáticos se dieron igual. Es más que probable que estamos contribuyendo a agilizar los procesos de la naturaleza, pero esos procesos se darán igual, si no ahora dentro de 1000 años, y el ser humano no puede controlarlos!!. O es que estamos pensando que dentro de 1000 años la especie humana se habrá autodestruido con una catástrofe nuclear (que también es posible...) y le darán igual los cambios climáticos que se produzcan de forma natural, nos importa solo este...

Tenemos que cuidar el planeta, tenemos que saber cómo hacerlo, ...pero siendo conscientes de que el planeta tiene vida propia, y nosotros no podemos cambiarla. Nosotros, como las demás especies, tenemos que adaptarnos si queremos sobrevivir, y en nuestro caso es mucho más fácil que en el de las hormigas, por ejemplo, por razones obvias... pero ya está... Dice la Biblia que el pecado de Adán y Eva fue la soberbia y por ella perdieron el paraíso, y yo a veces veo la forma en que se comporta el Hombre respecto al planeta y siento que es profundamente cierto...

Ahora, el miedo genera necesidad de amparo, y esa necesidad de amparo le otorga infinito poder sobre los atemorizados a los que dicen poder darla...


PD: en la foto un huracán visto desde la atmósfera.

sábado, 25 de julio de 2009

Capitalismo y Medio Ambiente


Después de leer el texto del post anterior me quedé pensando en lo que dice el Jefe Indio Seattle: es "el hombre blanco" el que no entiende que es parte de la Naturaleza, que la Naturaleza no es su jardín particular que se puede permitir dejar perder si quiere. Que esquilma los recursos naturales en su afan por tener más y más y más... El que piensa solo en su riqueza y no en la de sus descendientes. De hecho hay muchos otros grupos humanos en este planeta que tienen un concepto diferente de lo que es la Naturaleza y por lo tanto se relacionan con ella de otra manera (...más respetuosa). Los indios americanos de forma muy especial, pero también otros pueblos.

No creo en cualquier caso que sea una cuestión racial, pero sí una mentalidad unida a un sistema socio-económico, el capitalismo, que efectivamente fue inventado por el hombre blanco, y que alcanza en los países occidentales su máximo exponente. El beneficio como único objetivo, y la acumulación de riquezas para consumir de forma compulsiva... lo que sea. Genera una espiral de producción, consumo, y generación de residuos que me da la sensación de que está fuera de todo control. Es el "todo vale": producir barato a costa de pagar sueldos miserables a seres humanos que trabajan como esclavos en condiciones miserables especialmente en Asia; o ahorrarnos unos miles de euros no depurando nuestras aguas residuales antes de verterlas al río, porque así producimos 2 céntimos más barato que la competencia. Todo vale, no importan los daños c
olaterales, menos todavía si afectan a sujetos que no tienen voz ni voto, como la Naturaleza o el Medio Ambiente.

Durante décadas, el hombre blanco (y por contagio el hombre de otros muchos colores) ha olvidado (suponiendo que algún día lo supo) que vive en delicado equilibrio con la Naturaleza. Especialmente delicado por su gran capacidad de reproducción y supervivencia, y por las necesidades energéticas cada vez mayores de una parte de la población (de la parte que lidera el sistema). Se ha perdido esa sensibilidad que tenían las generaciones anteriores para respetar a la Naturaleza, aunque solo sea porque es la mano que te da de comer. Nos hemos creido que somos infalibles, con nuestra tecnología y nuestra sapiencia casi infinita. Que somos capaces de solucionarlo todo, de preverlo todo, de encontrar sustitutos para todo. Pobres idiotas...!.

La Naturaleza es algo muy grande, me atrevería a decir que inc
onmensurable. Muy sabia además: guarda los secretos de la vida desde hace miles de millones de años. Y nosotros, pobres engreidos, no tenemos como especie más que unos cientos de miles de años (sin mencionar que la tecnología que nos hace creer que somos tan infalibles, tiene como quien dice dos días...). Nos creemos tan grandes con nuestros sensores de previsión de terremotos, y cuando la Tierra estornuda genera de un manotazo 70.000 muertos (espérate como un día se enfade de verdad...). Nos pavoneamos del sistema mundial de detección de tsunamis, ...y se nos olvida que el día que se repita la ola de más de 150 m de altura que arrasó una isla de Hawai hace un par de siglos, la Naturaleza se reirá a carcajadas de nuestro sistema de detección. Y eso por no mencionar lo que puede pasar el día que la Tierra decida empezar con una nueva orogenia y las placas tectónicas empiecen a bailar el mambo unas con otras, o cuando se inicie el siguiente periodo glaciar (que puede que ya esté empezando...). Realmente patética la soberbia humana...

Pero la Naturaleza es muy sabia y no pierde el tiempo con razonamientos: hace en cada momento lo que tiene que hacer, sin prestar demasiada atención a esa especie que ha mutado en parásita y que se le ha sentado en la espalda (nosotros). Qué más da que la especie humana crea que es la causante del cambio climático actual y que por lo tanto está en sus manos el acelerarlo o mitigarlo?. Que crean lo que quieran... Ella a la suya: toca
cambio climático, pues cambio climático... (a pesar de la reducción de emisiones a la atmósfera, a pesar de lo que queramos...: no conseguiremos cambiar el curso de los procesos naturales globales nunca, porque somos como un mosquito picando a un elefante).

Cuánto mejor nos iría si escuchásemos más a la sabiduría de la Naturaleza en lugar de matar a la Naturaleza para escucharnos mejor a nosotros mismos...


PD: en la foto la falla de San Andrés en California, a espaldas de la ciudad de Los Angeles. El día que se reactive, la llevamos clara...

La Madre Naturaleza


Ayer leí en el Facebook un link que puso mi amigo Marcos. Es la carta que un Jefe Indio escribió al Presidente de EEUU cuando éste le dijo que quería comprarle las tierras en las que él y su tribu vivían desde hacía generaciones. Es muy bonita, y además es tan sencilla en su exposición y tan "de sentido común", que no me resisto a copiarla entera porque merece la pena ser leída. Es esta:


Carta de Seattle, jefe de la tribu Suwamish al presidente de los Estados Unidos, Mr. Franklin Pierce, el año 1855, como respuesta a su oferta de compra de las tierras Suwamish.


"El gran caudillo de Washington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El gran caudillo nos ha mandado también palabras de amistad y de buena voluntad. Apreciamos mucho esta delicadeza porque conocemos la poca falta que le hace nuestra amistad. Queremos considerar su ofrecimiento, pues sabemos que si no lo hiciéramos, pueden venir los hombres de piel blanca a tomarnos las tierras con sus armas de fuego. Que el gran caudillo de Washington confíe en la palabra del líder Seattle con la misma certidumbre que espera la vuelta de las estaciones. Mis palabras son inmutables como estrellas.


¿Como podéis comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Se nos hace extraña esta idea. No son nuestros el frescor del aire ni los reflejos del agua. ¿Cómo podrían ser comprados? Lo decidiremos más adelante. Tendríais que saber que mi pueblo tiene por sagrado cada rincón de esta tierra. La hoja resplandeciente; la arenosa playa; la niebla dentro del bosque; el claro en la arboleda y el zumbido del insecto son experiencias sagradas y memorias de mi pueblo. La sabia que sube por los árboles lleva recuerdos del hombre de piel roja.


Los muertos del hombre de piel blanca olvidan su tierra cuando empiezan el viaje en medio de las estrellas. Los nuestros nunca se alejan de la tierra, que es la madre. Somos un pedazo de esta tierra; estamos hechos de una parte de ella. La flor perfumada, el ciervo, el caballo, el águila majestuosa: todos son nuestros hermanos. Las rocas de las cumbres, el jugo de la hierba fresca, la calor de la piel del potro: todo pertenece a nuestra familia.


Por esto, cuando el gran caudillo de Washington manda decirnos que nos quiere comprar las tierras es demasiado lo que nos pide. El gran caudillo quiere darnos un lugar para que vivamos todos juntos. El nos hará de padre y nosotros seremos sus hijos. Hemos de meditar su ofrecimiento. No se nos presenta nada fácil ya que las tierras son sagradas. El agua de nuestros ríos y pantanos no es sólo agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si os vendiésemos las tierras, haría falta que recordaseis que son sagradas y lo tendríais que enseñar a vuestros hijos y que los reflejos misteriosos de las aguas claras de los lagos narran hechos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.


Los ríos son hermanos nuestros, porque nos libran de la sed. Los ríos arrastran nuestras canoas y nos dan sus peces. Si os vendiésemos las tierras, tendríais que recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son hermanos nuestros y también vuestros. Tendríais que tratar a los ríos con el corazón.


Sabemos bien que el hombre de piel blanca no puede entender nuestra manera de ser. Tanto le importa un trozo de tierra que otro, porque es como un extraño que llega de noche a arrancar de la tierra todo lo que necesita. No ve la tierra con una hermana, sino más bien como una enemiga. Cuando la ha hecho suya, la menosprecia y sigue andando. Deja atrás las sepulturas de sus padres y no parece que eso le duela. No le duele desposeer la tierra de sus hijos. Olvida la tumba de su padre y los derechos de sus hijos. Trata a la madre tierra y al hermano cielo como si fueran cosas que se compran y se venden; como si fuesen animales o collares. Su hambre insaciable devorará la tierra y detrás suyo dejará tan sólo un desierto.


No lo puedo comprender. Nosotros somos de una manera de ser muy diferente. Vuestras ciudades hacen daño a los ojos del hombre de piel roja. Tal vez sea porque el hombre de piel roja es salvaje y no puede entender las cosas. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades del hombre de piel blanca; ningún lugar donde se pueda escuchar en la primavera el despliegue de las hojas, o movimiento de las alas de un insecto. Tal vez me lo parece a mi porque soy un salvaje y no comprendo bien las cosas. El ruido de la ciudad es un insulto para el oído. Y yo me pregunto: ¿qué tipo de vida tiene el hombre cuando no es capaz de escuchar el grito solitario de una garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor del charco? Soy un hombre de piel roja y no puedo entender. A los indios nos deleita el ligero murmullo del viento fregando la cara del lago y su olor después de la lluvia del mediodía, con su peculiar fragancia.


El hombre de piel roja es conocedor del valor inapreciable del aire ya que todas las cosas respiran su aliento: el animal, el árbol, el hombre. Pero parece que el hombre de piel blanca no sienta el aire que respira. Como un hombre que hace días que agoniza, no es capaz de sentir la peste. Si os vendiésemos las tierras, tendríais que dejarlas en paz y que continuasen sagradas para que fuesen un lugar en el que hasta el hombre de piel blanca pudiese saborear el viento endulzado por las flores de la pradera.


Queremos considerar vuestra oferta de comprarnos las tierras. Si decidiéramos aceptarlo tendré que poneros una condición: que el hombre de piel blanca mire a los animales de esta tierra como hermanos.


Soy salvaje, pero me parece que tiene que ser así. He visto búfalos a miles pudriéndose abandonados en las praderas; el hombre de piel blanca les disparaba desde el caballo de fuego sin ni tan sólo pararlo. Yo soy salvaje y no entiendo porqué el caballo de fuego vale más que el búfalo, ya que nosotros lo matamos sólo a cambio de nuestra propia vida. ¿Qué puede ser del hombre sin animales? Si todos los animales desapareciesen , el hombre tendría que morir con gran soledad de espíritu. Porque todo lo que les pasa a los animales, bien pronto le pasa también al hombre. Todas las cosas están ligadas entre sí.
Haría falta que enseñaseis a vuestros hijos que el suelo que pisan son las cenizas de los abuelos. Respetarán la tierra si les deciís que está llena de vida de los antepasados. Hace falta que vuestros hijos lo sepan, igual que los nuestros, que la tierra es la madre de todos nosotros. Que cualquier estrago causado a la tierra lo sufren sus hijos. El hombre que escupe a tierra, a sí mismo se está escupiendo.


De una cosa estamos seguros: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red que es la vida, sólo es un hijo. El sufrimiento de la tierra se convierte a la fuerza en sufrimiento para sus hijos. Estamos seguros de esto. Todas las cosas están ligadas como la sangre de una misma familia.


Hasta el hombre de piel blanca, que tiene amistad con Dios y se pasea y le habla, no puede evitar este destino nuestro común. Tal vez sea cierto que somos hermanos. Ya lo veremos. Sabemos una cosa que tal vez descubriréis vosotros más adelante: que nuestro Dios es el mismo que el vuestro. Os pensáis que tal vez tenéis poder por encima de Él y al mismo tiempo lo queréis tener sobre todas las tierras, pero no lo podéis tener. El Dios de todos los hombres se compadece igual de los de piel blanca que de los de piel roja. Esta tierra es apreciada por su creador y estropearla sería una grave afrenta. Los hombres de piel blanca también sucumbirán y tal vez antes que el resto de tribus. Si ensuciáis vuestra cama, cualquier noche moriréis sofocados por vuestros propios delitos. Pero veréis la luz cuando llegue la hora final y comprenderéis que Dios os condujo a estas tierras y os permitió su dominio y la dominación del hombre de piel roja con algún propósito especial. Este destino es en verdad un misterio, porque no podemos comprender que pasará cuando los búfalos se hayan extinguido; cuando los caballos hayan perdido su libertad; cuando no quede ningún rincón del bosque sin el olor del hombre y cuando por encima de las verdes colinas nuestra mirada encuentre por todas partes las telarañas de hilos de hierro que llevan vuestra voz.


¿ Dónde está el bosque espeso? Desapareció. ¿Dónde está el águila? Desapareció. ¡Así se acaba la vida y empezamos a sobrevivir!"


PD: la foto es del Mount Rainier National Park, cerca de la ciudad de Seattle, Washington, que recibe su nombre de este Jefe Indio puesto que su tribu habitaba esas tierras (...que ya se ve que acabaron siendo del hombre blanco...).

miércoles, 22 de julio de 2009

Jai ho

martes, 21 de julio de 2009

Un homenaje a Maya, que Maya no leerá


Este post quiere ser un homenaje a Maya, la niña que aparece en la foto. A simple vista es una niña india más, de las miles que pueblan las calles de las grandes (enormes) ciudades de ese país. Pueblan las calles porque una mafia las secuestró, o se las robó a sus padres cuando eran muy pequeñas, ...o se las compró a cambio de unas pocas monedas para quitarles un peso de encima... Malvive con otros muchos niños en algún lugar miserable, donde si tienen suerte les dan algo de comer y no les pegan mucho (y cuando son más mayores no abusan de ellos...). Cada día, Maya y sus niños o bebés compañeros, son llevados en camiones a sus lugares de trabajo: semáforos estratégicos donde la mafia sabe que sacarán mucho dinero pidiendo limosna.

Os preguntaréis cómo sé el nombre de la niña... Pues es que yo conozco a esa niña. Maya estaba junto con su hermana y otros niños de su edad o más pequeños en un semáforo de una de las principales carreteras de acceso a Delhi desde Gurgaon. Es un semáforo debajo de un paso elevado del anillo exterior de circunvalación de Delhi, y es muy largo. Un día entrábamos a Delhi y Maya nos pidió dinero a través de la ventanilla cerrada del coche. En India no es una buena idea dar dinero a los niños que piden por la calle, porque están controlados por mafias y en ningún caso se benefician ellos de lo que les das... a menos que lo que les das sea comestible. Así que le dimos unas chocolatinas que llevábamos en la mochila de Satya. Recuerdo que yo le decía que se las comiese, antes de que los otros niños las viesen y se las quitasen... Se las comió. Tuve la sensación de que nunca había comido algo así; nos decía con cara de emoción total que estaba muy rico...jeje.

Nos llamó mucho la atención la mirada de Maya, tan directa, tan límpia, tan inteligente, como la de una niña cualquiera de una familia acomodada cualquiera: como si no se diese cuenta de cual era su situación vital. O quizás con la sabiduría del que sabe que las circunstancias externas no te fastidian la vida si tú no quieres...por duras que sean.

Al cabo de un par de semanas volvimos a pasar por allí y paramos en el mismo semáforo. Y desde la otra parte de la avenida vimos a Maya que nos había reconocido y venía corriendo a saludarnos. Nosotros pensábamos que querría más chocolatinas... y no llevábamos...!, pero cuando se lo dijimos ella contestó muy sonriente que daba igual, que solo venía a decirnos hola. Eso nos dejó KO...

A partir de ese día, nuestra relación con Maya se convirtió en algo más. Siempre llevábamos chocolatinas o caramelos en la mochila por si pasábamos por ese lugar. Recuerdo una vez que al pasar por allí el semáforo estaba en verde, y paramos en un lado y la llamamos a gritos (el ruido de una gran avenida de Delhi es indescriptible...). Pasamos a ser Subrat-Sir, Isa-Maam, y Satya-bhai....jeje.

En un determinado momento consideramos el adoptarla, y fuimos a hablar con la embajada española para que nos aconsejasen acerca del procedimiento a seguir. Allí nos disuadieron, porque nos contaron el caso de un matrimonio inglés que unos años antes había hecho lo mismo, y la mafia los localizó y asesinó al marido.

Un día cuando pasamos Maya había cambiado: ahora llevaba una gargantilla muy sencilla, unos pequeños pendientes, y con la ayuda de un espejo roto se estaba intentando peinar un moño... Ya no era aquella niña que conocimos. A las pocas semanas de aquello Maya desapareció, ya nunca más la vimos en aquel semáforo... Exactamente nunca más la vimos...

Cuando fui a ver la película del Oscar, Slumdog Millionaire, mucha gente que sabe que yo he vivido en India durante cuatro largos años, me preguntó qué me había parecido. A todos les dije lo mismo: que había salido con el corazón en un puño, porque el realismo que transmite la película es tal, que sólo le faltan el olor, el calor, y las moscas... El resto es exactamente así. No es una realidad creada y exagerada para una película: la película refleja de forma admirable la realidad de muchos miles de personas, sobre todo niños. Yo salí del cine especialmente impactada, porque hay personas que conozco y a las que quiero, que viven en esas o similares circunstancias. Maya es una de ellas, la que más me duele, y que podría ser perfectamnete la niña protagonista de la película...

He pensado si era oportuno publicar una foto de Maya, una menor, poniendo su nombre... La he puesto porque la foto, hecha por algún fotógrafo profesional, acaba de ser subastada en subasta pública en New Delhi, y se han pagado por ella 20.000 Rs.- (unos 350€). Y he puesto su nombre para dignificarla, para que no sea sólo "una niña pordiosera de la India", porque Maya tiene un nombre y una dignidad, porque es una niña adorable, y porque yo un día quise que fuese mi hija... pero no pudo ser. ¿A que es guapa...?.


lunes, 20 de julio de 2009

Qué suerte!

Se me ocurría este fin de semana la suerte que es estar al lado de una persona con la que se puede hablar de todo. La buena comunicación es fundamental, el poder hablar las cosas enseguida y ser capaz de "solucionarlas" (aclarar malos entendidos, acercar puntos de vista, o si no es posible al menos comprender al otro y sobre todo respetarle).

Cuanto más grande es la madeja, más difícil es soltar el nudo. Esto que es tan evidente, cuántas veces lo olvidamos... Ponemos nuestro orgullo, nuestra vanidad, nuestro juego mental en primer plano, y por no dañar esa "perfecta imagen" que queremos vendernos a nosotros mismos y a los demás, callamos lo que sentimos. Y se lía cada una... Con lo fácil que sería todo si hablásemos, si expresásemos, con respeto al otro, pero en primer lugar con respeto a nosotros mismos.


A veces es difícil discernir cuándo hay que callar y cuando hablar..., cuando es bueno expresar lo que sentimos y cuando no hace falta y es mejor callarlo. Y me parece que la clave está como tantas veces en la intuición: en ser capaz de parar dos segundos y escuchar dentro de nosotros esa voz interior que nunca se equivoca. Para eso hay que vivir muy consciente, vivir AHORA, vivir sin ruido mental de fondo, vivir con sosiego. Qué importante es el sosiego....!!.


Cuando hablamos, comprendemos, y respetamos, nos sentimos más cerca de la otra persona. Y es muy bonito: es un auténtico regalo de la vida. Y además nos hace sentir que construimos sobre tierra firme. Poco a poco (a fuego lento...).


PD: La foto muestra una aurora boreal en Alaska. Para ti...